Los protagonistas
Baltasar
No todos llegan al poder por mérito. Algunos llegan porque comprenden mejor que nadie las debilidades de los demás.
Baltasar conoce los códigos, las jerarquías y los silencios. Sabe cuándo hablar, cuándo callar y cuándo hacer que otros decidan por él, creyendo que actúan por voluntad propia.
Nunca levanta la voz. Prefiere que sean los demás quienes se apresuren a complacerlo. Entiende que la obediencia más sólida no nace del miedo, sino de la gratitud, la ambición o la necesidad. Por eso rara vez da órdenes: ofrece oportunidades, concede favores y deja que cada uno construya su propia cadena.
Para quienes lo rodean es un hombre respetable; para quienes lo conocen de verdad, es alguien capaz de convertir la autoridad en una mercancía y la lealtad en una inversión.
Su mayor talento no consiste en dominar personas, sino en hacer que ellas mismas elijan el camino que él había trazado desde el principio.
Todo gira a su alrededor. Y, sin embargo, nunca parece estar en el centro de la escena.
Porque el poder más peligroso no es el que se exhibe. Es el que consigue permanecer invisible mientras todos creen actuar por decisión propia.
Martínez
Nadie entiende mejor el funcionamiento cotidiano del poder que quien permanece siempre un paso detrás de él.
Martínez observa, organiza, recuerda y ejecuta.
Nunca levanta la voz, pero casi nada ocurre sin que él lo sepa. En un mundo donde la información vale más que los discursos, su discreción es su mayor fortaleza.
No necesita ocupar el centro de la escena. Su oficio consiste en anticipar problemas antes de que existan, ordenar el caos y hacer que el engranaje nunca se detenga. Mientras otros buscan reconocimiento, él encuentra satisfacción en permanecer invisible.
Quienes subestiman a Martínez suelen descubrir demasiado tarde, que el hombre que nunca decide oficialmente es, muchas veces, quien conoce todas las decisiones.
Miguel
Miguel pertenece a un mundo donde el poder no se exhibe: se hereda, se cultiva y se ejerce con modales impecables.
Abogado de la alta sociedad, refinado, inteligente y peligroso, comprende los códigos institucionales con la misma precisión con la que Baltasar domina los favores y las obediencias.
La corrupción de la Sindictatura de Quiebras manejada por Baltasar afecta gravemente a su cliente. Entonces investiga sus negocios, reconstruye sus vínculos y avanza sobre una red que considera ajena, degradada y vulgar.
No lo mueve la pureza ni una vocación de justicia, sino una mezcla de orgullo, cálculo y voluntad de dominio. Baltasar responde con procesos judiciales alejándole de sus hijos y persiguiéndole penalmente con causas inventadas.
Las investigaciones de Miguel esperan pacientemente el momento.
Rocío
Llega convencida de que el esfuerzo y el talento bastan para abrir cualquier puerta.
Reclutada por Baltasar en sus épocas de estudiante, pronto descubrirá que existen reglas que nunca fueron escritas y decisiones que se toman lejos de los expedientes. Su historia es la de quien debe elegir entre conservar sus principios o sobrevivir dentro del sistema.
Carmen
Hay personas que ejercen el poder desde un cargo. Otras lo hacen desde la intimidad.
Carmen es una más de las magistradas que llegó llaveando la puerta del Despacho. Conoce a Baltasar como pocos.
Comprende sus silencios, sus obsesiones y las grietas que jamás mostraría en público. Su presencia demuestra que las batallas más decisivas rara vez ocurren frente a los demás.
Sabe distinguir cuándo Baltasar actúa por cálculo y cuándo lo hace por miedo. Esa cercanía la convierte en una de las pocas personas capaces de comprender al hombre detrás del personaje.
Salcedo
Salcedo es un relator que trabaja en el último piso del Palacio. Uno de tantos funcionarios que redactan resoluciones que otros firman y conocen los expedientes antes que los propios jueces.
Su verdadera tarea, sin embargo, no figura en ningún organigrama. Transporta sobres, cumple encargos y aprende que, dentro del equipo de Baltasar, las preguntas pueden arruinar una carrera. Por eso no pregunta. Y precisamente por eso sirve.
Baltasar paga sus estudios, fortalece su currículum y le prepara para una futura vacancia. Salcedo cree que está progresando por mérito, aunque cada favor lo vuelve más útil y más dependiente. Su recorrido resume la carrera reservada a los hombres del sistema: comenzar como relator, demostrar obediencia muleando dinero y terminar ocupando un juzgado desde el cual devolver los favores recibidos.
Adriana
Adriana ingresó a la Policía creyendo que el uniforme la protegería.
Su belleza la lleva a la puerta de Baltasar como guardia. Primero observa, luego comprende y finalmente cruza una frontera de la que ya no es posible regresar. El poder reorganiza su vida. Adriana no es una víctima pasiva. Es el retrato de cómo la corrupción más sofisticada no siempre compra voluntades con dinero: a veces las conquista cumpliendo sueños imposibles.
Osvaldo
Osvaldo es un policía acostumbrado a las guardias interminables, los destinos ingratos y la certeza de que, en el Estado, el mérito casi nunca alcanza.
Cuando una oportunidad inesperada lo acerca a la vida que siempre quiso, interpreta el cambio como una recompensa tardía. Ignora que, alrededor de Baltasar, ningún ascenso es inocente y ningún favor se concede sin producir una deuda.
Como tantos otros, cree haber sido finalmente reconocido por su esfuerzo. No advierte que, en el universo de Baltasar, las personas rara vez son premiadas por lo que hicieron, sino por la utilidad que pueden tener para los planes de otros.
Cristóbal
Ser hijo de Baltasar significa heredar un apellido, una expectativa y una deuda invisible.
Cristóbal creció cerca del poder, pero no necesariamente preparado para comprenderlo. Entre la admiración, la dependencia y el deseo de ocupar un lugar propio, deberá descubrir si el apellido que lo protege también puede terminar condenándolo.
Mientras intenta construir su propia identidad, descubre que los hijos también pueden convertirse en piezas dentro de un juego criminal que empezó mucho antes de que ellos nacieran.
El Dr. Gilberto
En el escenario de Baltasar, no todos los doctores son abogados. Algunos tienen la misión de tocar las necesidades íntimas para repartir los premios del Despacho.
Hay recompensas que no llegan en sobres. Llegan frente al espejo.
El Escribano Almeida
Un escribano de la alta sociedad acompaña los primeros pasos del Clan Rivarola. Su prestigio le permite abrir puertas que otros ni siquiera saben que existen.
Durante años cree estar colaborando con hombres influyentes, hasta que un día comprende que algunas firmas sobreviven al papel y que ciertos actos notariales producen consecuencias imposibles de borrar.
Entonces deberá responder la pregunta que siempre evitó hacerse: ¿todavía está a tiempo de apartarse?
El Abogado Olazar
En los tribunales, el Derecho y la estrategia no siempre recorren el mismo camino.
Olazar domina ambos lenguajes. Su inteligencia jurídica es indiscutible, pero su mayor habilidad consiste en entender que, muchas veces, los procesos se ganan mucho antes de que un juez dicte sentencia y que él estaba dispuesto a ser parte del sistema.
La Escribana Leticia
Leticia nunca imaginó que la prosperidad pudiera comenzar con un simple giro de llave. Escribana esposa de un abogado de carrera modesta.
Obsesionada con ascender socialmente, descubre que alrededor de Baltasar el éxito rara vez depende del talento. Un encuentro aparentemente académico abre las puertas de un mundo donde el prestigio, las cátedras, los congresos, los clientes, el dinero y las distinciones llegan con una velocidad imposible de explicar.
Mientras su marido celebra el crecimiento del estudio, Leticia comprende que algunos privilegios exigen un precio que nunca figura en las escrituras.
El día que giró aquella llave, dejó de abrir una puerta para empezar a cerrar todas las salidas.
Pereira
Pereira nunca ocupó un cargo decisivo. Su verdadero poder estaba en la confianza del Presidente, construida entre conversaciones privadas, fiestas y noches de whisky donde se hablaba sin micrófonos ni actas.
Cuando Baltasar comprende que necesita sobrevivir al cambio de gobierno, recurre a él. Pereira consigue la reunión, presencia una escena que jamás olvidará. Guarda el secreto que explica mejor que cualquier teoría cómo funciona realmente el poder.
Desde entonces entiende que los hombres más fuertes no siempre son los que nunca se arrodillan, sino aquellos que saben exactamente cuándo hacerlo.
Ellos son solo algunos de los hombres y mujeres que habitan el universo de Su Excelencia Traficante. Cada uno guarda un secreto, una ambición o una deuda. Sus historias se cruzan, se enfrentan y terminan alterando el destino de los demás. Conózcalos… pero recuerde que, en Su Excelencia Traficante, las apariencias rara vez dicen toda la verdad.
Si querés saber qué pasó con cada uno de los personajes, te invitamos a:



















